Alexandra
Farbiarz
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Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

Dice José Antonio Marina que un problema teórico se resuelve cuando le damos una solución práctica. El reto de que la inteligencia teórica se convierta en práctica reside en las expectativas, los nervios, los deseos, etc.., que se generan de una a otra. A veces, lo que es una intuición sin argumento, llega a través de una conversación en la que no esperabas poder ponerle forma a algo que te barrunta por la cabeza durante tiempo. Así que agradezco a mi amiga Susana haberme llevado a este buen puerto. Es así cómo pude ordenar ciertas ideas en relación al vocabulario emocional en relación a la consccienca.

Vocabulario y asociaciones

Hablábamos de dificultades concretas que habíamos vivido en algunas relaciones en el pasado. De pronto, entendí que a veces estamos tan pendientes de los argumentos o lógica en un conflicto determinado, que olvidamos algo fundamental: el vocabulario y las asociaciones que hacemos con él.

La riqueza o limitación de léxico emocional, que se aprende, no sólo por experiencias propias sino por las que explican, juega un papel clave para la comprensión y la consciencia emocional de cualquier persona. Es decir, los niños cuando no entienden una determinada reacción ya sea de un igual o de un adulto, si nadie le acompaña en la comprensión de lo sucedido, si nadie le pone palabras a lo que ve a su alrededor puede que se quede con la emoción dentro sin procesar o puede que no le de importancia, pero si vuelve a suceder algo similar seguirá sin comprender esa reacción ni tampoco la que le provoca en él.

Tener mucho vocabulario emocional o su falta condiciona pues que podamos comprender y comprendernos. A nivel social también sucede que determinadas conductas se pongan de moda porque se “controla” un determinado vocabulario relativo a emociones o sentimientos.

Emociones y sentimientos

Porque emociones y sentimientos no son lo mismo. Las emociones nos empujan a poder elaborar sentimientos. Los sentimientos a partir de las emociones también se han elaborado también a partir de pensamientos propios, pensamientos sociales y del inconsciente colectivo. Digamos que los sentimientos son emociones elaboradas. Y esto no significa que el hecho de ser elaboradas esté resuelto, sino que ha pasado por matices antes de configurarse.

Volvamos al vocabulario. En los últimos años, y antes que de llegaran las redes sociales para invadir nuestras vidas mucho más de lo que solemos reconocer, la cuestión emocional se ha ido dando paso. El término “inteligencia emocional” acuñado por Daniel Goleman en 1994 ya causó un gran impacto incluso en ámbitos como el empresarial que en algunas esferas suele ser poco flexible a estas cuestiones. También se han desarrollado muchas formaciones alrededor de esta cuestión si bien hay muchos espacios sociales que aún no han oído hablar de esto.

El uso de las emociones ha sido y está siendo muy utilizado en las redes sociales que han basado mucho sus estrategias en el sentir de las personas, ya sea para bien o para mal. Es decir, ya sea para informar sobre su gestión como para crear sentimientos de inseguridad, basados en la comparación o determinados modelos, o para generar “conversaciones” que invitan al bullying o a la ridiculización de determinadas personas. Y es que hacerse el “fuerte” detrás de las pantallas es tan sencillo como dañino.

Sin embargo, el vocabulario que se emplea en las redes sociales suele ser más bien pobre por dos razones:

  • En general en las redes sociales se busca una accesibilidad fácil a los contenidos. Esto significa que el contenido no debe ser ni muy largo ni muy culto para que llegue al máximo de personas (a menos que te dirijas exclusivamente a un determinado público).
  • Debe ser un lenguaje reconocible y compartido por lo que se induce a una repetición del léxico que permite estar en una “onda” en la que se pueda estar identificado. Y esto suele ocurrir también en los formatos que se emplean. Es bueno que estos términos se socialicen, pero de forma contextualizada no solo identificativa. Por ejemplo, términos como “dependencia emocional”, “ansiedad”, “amor romántico”. Cuando la identificación carece de variables igualmente identificables dentro de un contexto, entonces corremos el peligro de utilizarlo sin mucho sentido. Y si en algo se basa gran parte de la información en las redes es precisamente en la descontextualización, cosa muy golosa para generar fakenews o determinados estados de crispación con el único fin de buscar polarizaciones extremas ante un determinado hecho. Entonces es cuando se manipulan las emociones. Porqué para poder leer y equilibrar las emociones y sentimientos que generan un determinado estado, se requiere también de una reflexión sobre éstas que vaya más allá de sí mismas. Es decir, pasar por el tamiz de la corteza pre-frontal para reconocer cómo estamos, por qué y para qué.

Vocabulario emocional y asociaciones

Una de las cosas que nunca deja de sorprenderme en mis sesiones de coaching es comprobar cómo una palabra genera una emoción porqué depende de una asociación que ha hecho una persona respecto a una palabra.

Por ejemplo, si yo le doy un significado determinado a la debilidad puede que sea positivo porque me siento muy fuerte en otros ámbitos y puedo dejarme ayudar por quien me rodea en lo que me cuesta, por lo que también estaré siendo humilde. O, por el contrario, puedo entender la debilidad como algo malo porque, a ojos de los demás, se puede ver aquello en lo que fallo, o porque los demás pueden aprovecharse de ella para hacerme daño. En realidad, según el contexto la debilidad podrá vivirse y percibirse de un modo distinto.

Pero a menudo las palabras, en función de nuestras experiencias y de nuestras propias tendencias personales, las viviremos de una manera u otra. Por eso en las formaciones en habilidades que doy suelo siempre empezar con un sencillo ejercicio que demuestra cómo el hecho de compartir un mismo idioma no significa que hablemos un mismo lenguaje. Porque a una determinada palabra le atribuimos un determinado significado, lo cual también solemos hacer respecto a la lectura de las situaciones.

Con eso se cumple la ley del olvido que el neuropsicólogo soviético Aleksander Luria denominó como “la ley de la información negativa” que recoge Rita-Levi- Montalcini en su libro “Elogio de la imperfección”: “aceptamos y consideramos importantes los hechos que concuerdan con nuestras hipótesis, mientras que tendemos a despreciar y olvidar las que la niegan”.

Por eso cuando contemos con más vocabulario emocional podremos encajar una determinada situación desde varias perspectivas, porque seremos más conscientes de los matices que nos hacen mover por dentro y que nos llevan a estados emocionales difíciles de gestionar. Dicho de otro modo, podremos leernos a nosotros mismos atendiendo a la complejidad de determinados estados que transitamos.

Conclusiones

Es importante poder tener un vocabulario extenso a nivel emocional para comprender y comprendernos tanto en situaciones de conflicto, como de sorpresa o de extrañeza.

La riqueza de vocabulario debe estar pareja a la apertura a deconstruir determinadas asociaciones que hacemos cuando vivimos una situación o una relación si estamos dispuestos a dialogar para poder llegar a un acuerdo o a convivir entre discrepancias.

Y para todo ello también hay que tener las ganas de hacer de vez en cuando en un ejercicio de introspección para poder mirarnos por dentro con valentía, reconociendo nuestras emociones y los distintos matices que las acompañan para poder transitarlas y que no se enquisten por dentro. Y en el caso de la comunicación mediante dispositivos digitales ser conscientes también de las afectaciones psicosociales que supone en nuestras vidas.