Alexandra
Farbiarz
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Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

Las redes y la distancia con la realidad

Ya son demasiado los jóvenes y adolescentes que están perdiendo sus vidas por querer estar a la altura de los supuestos estándares de belleza o comportamiento determinado que les proponen las redes.  Y estos jóvenes aprenden fácilmente a utilizar los filtros. Estas redes se basan en algoritmos perversos que buscan provocar la dopamina continua en nuestros cerebros puesto que, tanto a jóvenes como adultos, nos dan, supuestamente, lo que “hemos elegido”, aunque este asunto es revisable puesto que la publicidad, los bots y demás pueden generar nuevas tendencias en los gustos de las personas.

Si volvemos al asunto de la apariencia, la perversión del sistema en la apariencia es de tal calibre entre la realidad física y la realidad digital que, para comprenderlo fácilmente, podemos resumirlo a través de los filtros o de la propia capacidad de autoengaño (a menos que se utilicen con una intención exclusivamente artística).

El uso indiscriminado del filtro y similares

El filtro también puede ser utilizado como un juego, pero cuando se utiliza para retocar cuerpos, para hacer “más espectacular”, “más fino”. “más idílico” un lugar que visitamos, entonces se convierte en otra cosa. Deja de ser real y natural para pasar a ser un objeto supuestamente deseable pero inexistente. El filtro se convierte así en una herramienta dañina de transformación del autoconcepto y del concepto de lo que queremos mostrar haber vivido. Se transforma en una herramienta de supuesta perfección que jamás se alcanzará y del que mucha gente empieza a ser dependiente para tener la sensación de ser “bien vista”.

Este filtro no se ha detenido en las imágenes, se ha reconvertido en las redes y en la Inteligencia Artificial en supuestos comportamientos adecuados a lo socialmente establecido o a lo que supuestamente le conviene más a una persona. Porque la IA no hace más que procesar mensajes repetidos una y otra vez en muchas webs y plataformas y los filtra a través de una conversación en la que se dan respuestas estandarizadas que van siguiendo el hilo de las preguntas de quien interactúa con la máquina. Y la máquina suele ser muy amable con las personas con las que “trabaja”. Y quien no tiene herramientas de gestión emocional puede ser muy vulnerable a estos procesos. Así le ocurrió al chico de 14 años Adam Raine que se suicidó siguiendo indicaciones de ChatGPT. Y también es por ello que muchos estados han empezado a legislar para poner un límite para poder entrar en las redes sociales. Australia por ejemplo ya ha dictado las directrices que deberán seguir las plataformas de redes sociales para que los adolescentes no tengan acceso a las mismas hasta los 16 años.

La vida representada

El ser humano siempre ha tenido la capacidad de autoengañarse ya sea como mecanismo de supervivencia, como forma de venderse ante los demás, como consecuencia de una falta de introspección que le lleva a seguir lo supuestamente convencional (un concepto que cambia mucho según el entorno con el que se esté tratando), o como forma de creación de un autoconcepto propio conforme a los supuestos valores que tiene, aunque los hechos luego no correspondan con que luego lleva a cabo (lo que se conoce como disonancia cognitiva).

Sin embargo, el mundo digital proporciona la capacidad de maquillar cualquier acto que hagamos, cualquier paisaje que pisamos, cualquier “imperfección” de nuestro cuerpo en un plis plas, filtro por aquí filtro por allá. Las imágenes quedan. Quedan hasta tal punto que se utilizan para borrar lo que no queremos ver ya sea en nosotros mismos o en los paisajes que vemos.

Ya son muchos los lugares turísticos que indican donde hacer “buenas fotos”. La gente hace cola para llegar a ese punto, hacerse la foto e irse. Esta experiencia no aparece en la foto, obviamente, pero es lo que la gente ha vivido. Pero extrañamente nos acogemos a las fotos como testimonio de unas experiencias…que también recortamos o filtramos.

La vida representada a través del mundo digital es una vida que no corresponde con la realidad sino con supuestos ideales impuestos que, precisamente, por ser ideales no son reales y conducen a mucha frustración…por más filtros que se le pongan.

Así que, si los filtros no arreglan la realidad y cada vez te alejan más de ti mismo y de tu entorno, quizás vaya siendo el momento de dejar de utilizar filtros, aprender a conocerse mejor y amarse más y a generar entornos más amables para ti y los que te importan. Y para ello hay muchas maneras de hacerlo, cada cual tiene que descubrir la forma que más le encaje porque cada cual es diferentes como lo son también sus circunstancias.