Alexandra
Farbiarz
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Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

Un “no” positivo es aquel que se utiliza con un fin afirmativo y constructivo. Y es que existen circunstancias en las que difícilmente podremos responder desde un sí o desde un lugar afirmativo por lo que el uso del no nos será muy útil siempre que esté bien acompañado del tono o explicación pertinente. Un “no” positivo puede ser utilizado solo o bien acompañado de alguna palabra más.
Veamos algunos ejemplos:
  • El no para poner límites:

 

o   Hacia uno mismo. Sí, hay cosas que tienen un límite. Por ejemplo, el cansancio tiene un límite para cualquier persona. Sobrepasarlo nos lleva a situaciones de estrés, de agotamiento, de pérdida de concentración y otras capacidades. Así que cuando uno vive una situación de cansancio extremo hemos de saber decir que no, que no se puede seguir con un ritmo que nos quita cualquier ritmo vital y nos lastima.
o   Hacia los demás. A veces las personas no se dan cuenta de lo que dicen y de cómo se extralimitan en determinados comentarios y mucha otra que calla porque no sale de su asombro al escucharlas. Para que la relación no se vuelva tóxica es importante saber decir que no, que no se está dispuesto a seguir el hilo de determinadas conversaciones que no conducen a nada bueno.
  • El no para ganar tiempo. Vivimos en un tiempo donde todo pasa muy rápido, en el que cualquier oportunidad que nos pasa por delante, si le decimos que no, parece que vamos a perder vete a saber qué. Y nos precipitamos en nuestras respuestas. Así que podemos valorar si realmente nos merece la pena decir sí o, por el contrario, es preferible decir no o utilizarlo en una pregunta del tipo…¿no te importa que te dé la respuesta en unos días? ¿Por qué no lo comentamos con alguien más? ¿no habría la posibilidad de contemplar también otras opciones?
  • El no para tomar decisiones cuando no sabemos lo que queremos, pero, sin embargo, sí tenemos claro lo que no queremos. Ante dos alternativas puede que una no nos convenza, pero la otra sabemos que es claramente perjudicial y por lo tanto el no, en este caso, nos ayuda, al menos, a perjudicarnos lo menos posible.
  •  El no…lo sé por humildad. No tenemos porqué saberlo todo, ni tenemos que dar respuesta cuando no tenemos toda la información necesaria, aunque a veces el entorno parezca que nos lo exija. El peligro de contestar sin saber muy bien lo que se nos pide es que después paguemos consecuencias por ello. Así pues, el “no lo sé” además de situarnos en la humildad, a su vez, da pie a poder investigar o reunir la información necesaria para poder responder a las demandas que se nos plantea.
  • El no interrogativo. Puede servir de estrategia para llevar a cabo una negociación. Hay muchas formas de negociación y éstas cambian según es el escenario y las circunstancias en que se llevan a cabo. Es paradójico pero una manera de hacer preguntas para obtener un sí de la parte contraria es, precisamente, utilizando un “no” al principio o al final de una pregunta. Por ejemplo: “¿No le parece importante tener en cuenta la opinión de su proveedor?” o bien “Quizás deberíamos contar con la opinión del proveedor, ¿no?
  • El no juguetón. Cuando los niños empiezan a entender la importancia del “no” en el lenguaje, a muy temprana edad, a menudo lo utilizan para poner a prueba los adultos y/o para autoafirmarse. En este cas, el adulto también podría utilizarlo para llegar a acuerdos con ellos utilizando el “no” como fórmula puesto que los niños entenderían fácilmente el juego que ellos mismos practican.
  • El no como postura para aclarar las propias convicciones. En determinados hechos, decir no es también afirmar valores y derechos. Por ejemplo, ante actitudes discriminatorias uno puede afirmar que hay determinadas actitudes que no son admisibles dentro de un marco de convivencia. En este sentido decir no es una forma de decir que sí se apuesta por defender unas ideas que benefician el conjunto social.
  • Permitirse el no en determinados momentos vitales. Por poner un ejemplo baladí, hay quien no sabe rechazar determinadas ofertas sociales por no quedar mal. Sin embargo, decir que sí cuando en realidad no nos apetece puede llevarnos a sentirnos mal con nosotros mismos. Decir que no en este caso puede significar un sí a nuestro propio bienestar.
Probablemente existan muchos más ejemplos. Me gustaría conocer los tuyos. En cualquier caso, decir no, no significa necesariamente negar sino simplemente elegir, establecer prioridades o incluso afirmar o validar determinados hechos o valores.
Dejemos pues de establecer el valor del no como algo vinculado exclusivamente a lo negativo o el sí, como algo que solo reenvía a un sentido positivo porque no siempre es así y a veces es todo lo contrario.

¿Cuántas veces has dicho que sí a cosas negándote lo que realmente querías o sentías?