En más de una formación o de procesos de coaching que he dado aparece un momento en que hago reflexionar a los alumnos sobre cuáles son sus habilidades y cómo las llevan a cabo. A veces también me he encontrado a líderes de equipos que necesitaban reconocer el papel que jugaban determinadas habilidades de sus subordinados para poder hacer un balance de su contribución en los proyectos que llevaban a cabo, e incluso podían no saber qué papel jugaban.
Reconocer las propias habilidades
La dificultad en reconocer las propias habilidades reside, esencialmente, en el hecho de que no se nos ha educado en el autoconocimiento. Una vez, en un curso que daba a adolescentes con altas capacidades, una alumna lo resumió así de bien: “Nos educan en el conocimiento, pero no en el autoconocimiento”.
Esta falta de herramientas para aprender a reconocer aquello que se nos da bien y aquello que podemos entrenar de nosotros mismos para facilitarnos la vida, nos puede impedir utilizar nuestros conocimientos para hacerlos jugar mejor a nuestro favor.
Pero que no lo hayamos aprendido no significa que no podamos. En realidad, pasado el pudor o la extrañez inicial ante los ejercicios que se pueden proponer al respecto, acostumbra a ser muy gratificante, además de permitir hacer relecturas de experiencias del pasado y poner en marcha nuevas formas de hacer para sentirse mejor.
Habilidades y conocimientos
Los conocimientos son esenciales para el crecimiento personal. Gracias a ellos podemos elaborar criterio sobre el mundo que nos rodea. Sabemos que hoy en día la gente lee menos que antes y que los mensajes cortos y polarizados de las redes sociales no ayudan a crear ni pensamiento crítico ni analítico. Y esto nos debería alarmar porque la falta de comprensión lectora es el primer paso para poder leer las situaciones que nos rodean y accionar o responder según se considere teniendo en cuenta que no vivimos solos.
Sin embargo, hay quienes tienen un gran bagaje de conocimientos, pero al no desarrollar determinadas habilidades lo pasan mal porque canalizarlos te lo dan las habilidades comunicativas o creativas por poner algún ejemplo.
Así pues, habilidades y conocimientos deben ir de la mano para poder resultar eficaces, unas sin las otras, no acabarán nunca de funcionar.
Habilidades propias y ajenas
Del mismo modo que tenemos habilidades tenemos dificultades. Sin embargo, cuando nos apoyamos en nuestras habilidades también podemos sobrellevar mejor lo que nos cuesta, porque somos conscientes de lo que podemos activar a nuestro favor ante lo que más nos dificulta la existencia.
A la vez, saber leer las habilidades y dificultades de quienes nos rodean, también nos puede ayudar a hacer otro tipo de balances sobre los miembros de un equipo. Por ejemplo, quizás haya algún trabajador que no sea el mejor técnicamente y esto se percibe fácilmente porque el resto de compañeros son brillantes. Sin embargo, este trabajador puede tener unas habilidades en momentos críticos que el resto del equipo carece. Puede ser que esta persona en situaciones muy difíciles tenga la capacidad de serenar a todo el equipo para ayudar a superar una situación de estrés y acompañar a su líder para marcar las prioridades para salir de este mal momento. ¿Este no es un valor, una capacidad a tener en cuenta para el bien del equilibrio de un equipo?
Conclusiones
El autoconocimiento permite algo muy valioso: mejorar nuestro día a día, tomar conciencia de aquellas habilidades que nos pueden ayudar a vivir mejor y a sentirnos más en paz con nosotros mismos. Y es que conocerlas, nos permite que jueguen a nuestro favor.
A su vez, entrenar la observación de las habilidades de los demás nos puede ayudar a desarrollar una mayor empatía y a establecer parámetros de validación que no teníamos en cuenta anteriormente.
¿Y tú, qué habilidades tienes? ¿Cómo te ayudan?
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