Alexandra
Farbiarz
Mas

Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

En la vida todos pasamos baches que no decidimos. Los baches pueden hacernos perder hasta nuestra propia fuerza de voluntad. Nos hacen atravesar desiertos que maldecimos y que a veces nos roban las noches o nos inundan los sueños.

Todos pasamos baches, y cuando acaban, toca digerirlos. El después de los grandes baches nos llevan a lugares extraños donde intentamos reencontrarnos de nuevos con nosotros mismos, donde nos preguntamos cosas que hasta ahora no nos habíamos planteado. Las guerras son terribles, las post-guerras también, pero éstas son el espacio donde transitar hacia nuevos horizontes para reconstruirse.

De baches vivimos de distintos tipos e intensidades. En un mundo donde todo va muy rápido, hay quien teme pararse por miedo a darse cuenta de lo muy removida que tiene su vida. Es como si el bache permanente le diera el espejismo de una constancia propia de un mar en calma. Esto sucede simplemente porque pararse significa entonces sentir el gran bache, tener que afrontarlo.

Y es que el después del bache a veces da miedo porque significa revisar lo que ha pasado y los patrones que nos han consumido demasiada energía. O lo que es lo mismo, nos confronta con nosotros mismos, a nuestras propias mentiras, a las preguntas que nos repetimos y a las respuestas que nos consuelan.

A veces, el después de los baches necesitan tiempo, y solo el tiempo nos ayudará a aceptar aquello que nos perturbó y nos supuso, durante un periodo, angustias e incertidumbres.

Pero es en este tránsito del después del bache donde podemos hacer el aprendizaje de aquello que tanto nos ha dolido. Es lo que llamamos la resiliencia. El camino no siempre es fácil, pero si creamos conciencia de lo vivido nos puede permitir miradas y vivencias enriquecedoras. Y hacer este proceso acompañado también puede ayudar para no entrar en remolinos que torturan nuestra propia percepción con preguntas del tipo ¿Por qué no lo vi? ¿Por qué me ha tenido que pasar a mí? ¿Por qué no hice nada?, etc.

En realidad, somos como una casa en constante rehabilitación sea por los baches que vivimos o por las decisiones que tomamos o porque la vida nos sorprende sin haberlas ni intuido.

No siempre todo lo que pasamos es un aprendizaje que hubiéramos querido tener, pero es el regalo que podemos obtener y aprovechar después de un bache.