Alexandra
Farbiarz
Mas

Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

Una sensación de la que no solemos hablar

La sensación de vacío es algo muy humano y, sin embargo, es un estado o sentir, sobre el que no acostumbramos a hablar, como si fuera un tabú.  Rechazamos hablar de un lugar que sentimos dentro porque nos extrañamos con nosotros mismos, no sabemos reconocer a dónde nos lleva o nos lleva a estados como de pérdida en nosotros mismos.

Es un lugar que está dentro pero no sabemos cómo explicarlo, no nos trae respuestas, ni certezas, es como un limbo sin paisaje. Hay quien puede llegar a sentirlo como un precipicio porque es como encontrarse con su propia nada.

Un lugar desde donde escuchar, observar y crear

Sin embargo, deberíamos tener presente que estos lugares sin nombre, donde “aparentemente” no hay nada, es un lugar de silencio para poder escucharnos a nosotros mismos sin esperar nada, simplemente sentirnos…porque es desde este sentir que podemos llegar a escuchar lo que no podemos lograr cuando la actividad nos sobrelleva.

Escucharnos desde nuestro silencio para permitir que emerjan creatividades insospechadas, convivir con el vacío para saber que también estamos muy llenos en muchos otros lugares de nuestro cuerpo.

Pero la sociedad del entretenimiento audiovisual ha sido muy hábil a la hora de entender cuánto nos aterra nuestro propio vacío y nos ha inundado de mil opciones para que no lo escuchemos, para no atendernos cuando nos sentimos “asaltados” por nosotros mismos, por nuestro propio vacío.

El vacío, cuando somos niños, puede asemejarse a la queja de “estoy aburrido”. Me alegro de haber podido aburrirme, de no haber crecido con consolas y videojuegos…porque así pude activar mi creatividad, ampliar mi mirada más allá de lo que sentía, porque curioseaba y me permitía descubrir, experimentar desde mi misma y no desde otras propuestas preconcebidas y pre-dirigidas. Todo esto gracias a mi vacío.

De adulta el vacío me ha permitido hacerme cargo de mi dolor, de aceptarlo y de atravesarlo sabiendo que nada es eterno, ni lo bueno, ni lo malo, ni lo extraño. También me he dado cuenta que vivo distintos tipos de vacío y que reacciono de formas distintas a cada uno de ellos.

El barbecho personal

Cuando era pequeña y estudiaba la época histórica del Medievo, recuerdo que me parecía un periodo horrible, durísimo. Pero en medio de toda la oscuridad de esos siglos, recuerdo perfectamente cómo me enseñaron la importancia del barbecho en los campos que se sembraban. El barbecho era un lugar donde todo se paraba, donde se vaciaba, durante un año, ese trozo de tierra de cualquier actividad. El no hacer permitía la recuperación de ese trozo de tierra.

Entiendo el vacío como un barbecho personal con el que nos es difícil dialogar porque vivimos en una sociedad de la acumulación: se acumulan objetos, datos, ropa, seguidores, experiencias. Pero aún con todo esto el vacío sigue ahí porque lo llevamos dentro. Quizás deberíamos aprender a observarlo sin juicio, aunque se nos haga incómodo. Quizás así sabríamos acompañarnos mejor y nos podríamos sorprender de lo nutritivo que puede llegar a ser, si nos permitiéramos vivirlo.

¿Cómo llevas tus vacíos? ¿Los esquivas, los tapas, los observas, te han traído sorpresas? ¿Qué vacíos te han permitido romper dinámicas dañinas?¿O quizás los temes porque sientes que te engullen a ti mismo?