Alexandra
Farbiarz
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Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

Últimamente en mi entorno cercano, distintas personas que quiero mucho, están atravesando momentos altamente delicados por padecer una enfermedad. Están viviendo un cáncer, conviviendo con brotes de enfermedades degenerativas o cuidando de familiares que están muy enfermas.

Muchas de ellas, por distinta que sea la afectación que están padeciendo, tienen algo en común: estando como están no quieren preocupar a las personas que quieren y les rodean. Y por ello, están haciendo un sobreesfuerzo que se añade a su ya difícil situación.Y lo que muchas veces no quieren admitir es que, por más que intenten disimular o hacer más pequeño su dolor a ojos de quienes los quieren, eso no depende de ellas.

Las personas queridas siempre nos van a preocupar cuando estén enfermas o las veamos desbordadas por una situación altamente sensible. Es humano. Y, por más que las que personas que tienen enfermedades o que están a cargo de personas con graves enfermedades no quieran preocuparnos, no van a conseguirlo. Porque, sencillamente, las queremos. Tan simple como esto.

Una de las variables que se derivan de este comportamiento de no querer preocupar, es no hablar sobre su dolor. Es lícito y comprensible. Cada cual vive su circunstancia como sabe y como puede. Pero este coraje puede que no le esté ayudando. Quizás se trate también de un mecanismo de defensa en el que cada cual cree que si puede mostrarse fuerte ante los demás es que sigue con fuerzas para seguir adelante…cuando día tras día, ya está sucediendo.

Creo que no hablamos sobre la vivencia del dolor porque, a veces no queremos estar ahí, otras veces no queremos preocupar más al entorno o porque sólo lo hacemos con personas que sabemos que van a poder sostener la inmensidad del dolor que sentimos.  Sin embargo, atender el dolor es una manera más de atenderse a uno mismo, es tener puesta la mirada en nosotros mismos. Cuando nos duele algo y no lo hablamos con nadie, no le hacemos caso porque “no será nada” y lo “aparcamos”, en realidad nos aparcamos a nosotros mismos, porque no nos hacemos caso.

Sin embargo, no nos educan a mirar con cariño nuestros dolores, ni los físicos, ni los emocionales, ni los mentales…a veces me pregunto si estas distinciones tienen sentido cuando todo lo vivimos en un mismo cuerpo. Socialmente nos educan más bien a paliar signos y síntomas que son visibles externamente, o se nos invita a mirar nuestro cuerpo desde un punto de vista de patrones culturales del estilo “dieta para adelgazar” y no una “dieta para sentirse bien”.

Al aparcar nuestros propios dolores internos, que no se ven o no dejamos ver, puede que, con el tiempo, se convierta en una enfermedad. Aparcarnos a nosotros mismos para “no preocupar” o “no molestar a los demás” puede que haga más difícil el tránsito de momentos muy duros donde lo que necesitamos es atendernos con tranquilidad, aceptando el tránsito por el que se está pasando y compartirlo para dejarnos cuidar. Y el entorno también debe aprender a aceptarlo y también a pasarlo.

Cuanto más clara sea la comunicación de las personas enfermas o que llevan el cuidado de las personas que les rodean, más herramientas tendrán éstas últimas para situarse y acompañar desde el lugar que lo necesitan quienes están viviendo el dolor en primera persona.

Y, por otro lado, las personas que acompañan lo sufrirán en función de su propia sensibilidad y el conocimiento que tengan o que vayan adquiriendo más que en función del dolor que se muestre y que padecen las personas enfermas a las que quieren tanto.

Así que hagamos del dolor algo que existe y con el que hay que convivir, de la misma manera que somos capaces de compartir la alegría. De lo contrario, se estará creando una situación en la que se añade sal a la sal. Aunque hay estrategias para poder hacerlo de manera que uno se sienta cómodo, sin necesidad de decirlo a todo el mundo. Pero sí importa tener personas confidentes, cómplices, “puente”, catalizadoras entre los que viven el dolor en primera persona y los que los acompañan.Siempre hay fórmulas, pero no te dejes aparcar por tu propio dolor dentro de más dolor.

Cierro este artículo con una preciosa entrevista que la Fundación Radika hizo a Maite Fruitós sobre el acompañamiento en la enfermedad que puede que ayude a los que se encuentren en esta situación.