Alexandra
Farbiarz
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Soluciones para el bienestar personal y la sostenibilidad

Cuando hablamos o pensamos acerca de la sostenibilidad, en función de lo que hagamos y dónde nos movemos, lo entenderemos de una forma u otra. En este caso propongo una mirada sobre la importancia de al artesanía textil (o slow fashion) frente al fast fashion.

Cualquier actividad que sea realmente sostenible precisa poner la atención y los cambios en el proceso de producción o fabricación. O lo que es lo mismo, cuando se gesta una actividad, el ecodiseño está presente a lo largo de toda la ella, no solo en una parte de la misma.

Este post es resultado de mi intervención en la conferencia de CONNECTA’T- Artesania i Medi Ambient en la que fui invitada por el Gremio Artesano Textil de Cataluña de la mano de Sylvia Calvo, una referente en el ámbito de la economía circular textil y una gran diseñadora de moda hecha a partir de bolsas de café. Compartí panel con Zuhal Kuvan-Mills, organizadora de la Eco Fashion Week de Australia y Laia Aguilà que también lidera el proyecto Drapart, una marca textil sostenible con un proyecto social con mujeres del Montseny.

Las dos trabajan con lanas, pero de distintas especies. Tanto Sylvia Calvo como el resto de las panelistas son mujeres valientes que tienen como denominador común haber emprendido en el textil ecológico sin tener una formación previa y sin embargo ahora son todas ellas expertas en cada uno de los materiales que manejan y han construido una actividad sostenible alrededor de sus negocios. Zuhai Kuvan-Mills, en Australia, y Laia Aguilà en

El Montseny (Cataluña) han generado una actividad que va más allá de los cánones establecidos por la moda y ocuparse, a la vez, del entorno ambiental donde trabajan y que les provee la materia prima, haciéndose cargo incluso de los animales que les provee de la materia prima con la que trabajan y aprovechando los “residuos” -deberíamos llamarlos materiales- para utilizarlos en otras actividades. Estas tres mujeres son pues abanderadas de la economía circular y del denominado slow fashion, término acuñado por otra mujer: Kate Fletcher.

Efectos de la economía lineal del fast fashion

La economía lineal, sin embargo, se fija en unos determinados resultados en grandes cantidades, especialmente en la industria textil del fast fashion, para luego adaptar sus procesos de producción a los mismos. Y lo hace sin tener en cuenta luego los impactos socioambientales que suponen.

En 2020, un estudio de la UE y Naciones Unidas sobre el impacto de la producción textil y de los residuos en el medio ambiente arrojaba cifras que nos deberían estremecer a todos como, por ejemplo, que la industria de la moda es responsable de:

Esta economía lineal propia de la industria de la moda se caracteriza por producir rápido, buscando beneficios cortoplacistas, y una fabricación que requiere muchos recursos. A su vez la ropa, el calzado, los accesorios o la ropa del hogar se hacen para que sean poco duraderos por lo que genera modas cada vez más cortas para representar la necesidad de cambios constantes en los armarios.

A su vez, esta industria genera un molde de “belleza” que ha creado otro tipo de malestar físico-psíquico, sobre todo entre adolescentes, que ignora la diversidad de cuerpos en muchas marcas, generando trastornos alimentarios y una autopercepción del cuerpo negativa sobre todo entre adolescentes, en un momento vital en que los vínculos y el cómo uno se percibe por el grupo de iguales es esencial.

Economía circular y artesanía textil

En contraposición, la artesanía textil se caracteriza por generar procesos de producción lentos, donde la mano y el cuidado de los materiales son distintivos de esta forma de hacer. En la artesanía se pone el acento sobre el proceso para llegar a un resultado. El resultado es como la inspiración para elaborar un proceso muy cuidadoso con el medio ambiente y con las personas que participan de este proceso. A menudo este resultado lleva a otros que no se habían ni previsto. La lógica pues, es la inversa a la economía lineal.

Al poner la atención en el proceso del hacer, se cuidan los detalles y el entorno. Y es que la artesanía se caracteriza por hacerse en el mismo lugar donde se produce. Son actividades muy localizadas frente a actividades industriales globalizadas.

Sin embargo, aportar cifras sobre la artesanía textil es tan difícil como hacerlo para la artesanía en general porque, como señala un estudio de KPMG, “el desconocimiento de su impacto” no ayuda al sector, ni para lo bueno, ni para lo malo. En este sentido, parece que los grandes estudios no tienen en cuenta las “pequeñas” actividades pero que podrían ser más que relevantes si atendemos a la situación medioambiental y de otras índoles. ¿Lo que no se cuenta no cuenta?

Sin embargo, estas actividades al estar localizadas están más vinculadas al territorio y se establece, de este modo, una relación entre el artesano textil y su entorno, ya sea para obtener recursos, como establecer lazos con otras personas que permitirán o bien hacer más grande su negocio o ayudarles a dar a conocer lo que hacen. Esta relación supone cuatro tipos de cualidades en la artesanía textil:

  • Se generan unos vínculos entre el artesano y el cuidado de la belleza de su entorno, porque vive en él y gracias a él.
  • Esta relación se traduce en una idiosincrasia cultural que se plasma en los productos artesanos. Dicho de otro modo, la belleza del medio ambiente se traslada a los productos u obras artesanales.
  • El tiempo dedicado a fabricar un determinado producto y la propia inspiración y creatividad se ve en la calidad de estos productos. Una calidad y una belleza mucho más duradera que la que supone el textil fast fashion.
  • La verdadera artesanía suele hacerse con materiales “nobles” en contraposición a materiales muy contaminantes y que, como se ha dicho anteriormente, se hace en detrimento de las personas y el medio ambiente. Es por esta razón que la artesanía tiene un precio más elevado, pero mucho más duradero y mucho más auténtico.

Cuando un artesano tiene una obra suya entre manos es capaz de contarte miles de cosas a partir de lo que tiene en ellas. Las historias de los que han creado grandes imperios de moda no sostenible – porque la gran mayoría del fast fashion hoy por hoy es no sostenible – giran en torno a cómo es la persona y la concepción de la persona que lo creó. Pero no hay historias sobre el medio ambiente en donde hacen las cosas (en determinados lugares no podrían hacerlo también es cierto porque se verían claramente ciertas prácticas poco éticas y/o sostenibles), raramente hay historias entre la concepción de inicio y cómo ha evolucionado respecto a su entorno social y económico, si bien conozcamos gestos de beneficencia. Es decir, faltan story tellers de vínculos reales y sostenidos con aquello que les rodea.

Cuando como consumidores nos acercamos en puestos de artesanía nos damos un tiempo de observación que suele ser más lento que el que uno utiliza en una tienda fast fashion, y no digamos si se compra por internet. Me gusta pensar, y reconozco que esta es una licencia propia muy poética, que este tiempo es también un reflejo del tiempo que se ha dedicado a hacer ese producto. Y detrás de las cosas hechas con cuidado hay mimo y hay amor. Y, a su vez, cuando tenemos algo que se ha fraguado desde esta delicadeza, es probable que la guardemos y nos sea mucho más duradera. Al menos eso es lo que me pasa. ¿Y a ti?

Ahora que llegan fechas navideñas, tienes la oportunidad de hacer las compras en clave sostenible… harás mucho para negocios que luchan cada día por mantener algo auténtico, le hará bien a nuestro medio ambiente y te harás bien a ti.